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viernes, 17 de enero de 2014

sábado, 26 de octubre de 2013

U 1 "Así somos" Lengua Taller de teatro "El sapo Humberto"

Pequeño teatro "El sapo Humberto"

Bicho: ¡Hola Humberto! ¿Qué te trae por aquí?
Humberto:  ¡Hola,Bicho! Vengo a comprar pinturas de colores. No quiero ser todo verde y solo verde.
Bicho: ¡Anda! ¿Y por qué no? Yo soy todo marrón.
Humberto: Sí, a ti un solo color te sienta de maravilla, pero a mí...Las mariposas dicen...
Bicho: ¡No hay que hacer caso a esas presumidas!
Humberto: Ya, ya. Pero mira, yo...¡Yo quiero colores,ea!
Bicho: Bueno, te enseñaré los que ahora están de moda. A ver, ¿qué te parece este rojo?
Humberto: ¡Es precioso!
Bicho: Pues cuando veas este azul y este naranja te vas a quedar turulato.
Humberto: ¡Oh, qué bonitos! ¡Me los llevo todos!
Bicho: ¿Todos? ¡Te nombro mi mejor cliente!
Humberto: ¡Hasta pronto, Bicho! ¡Y gracias por todo!

miércoles, 23 de octubre de 2013

Lengua Lectura Sapo Verde U 1 "Así somos"





Sapo verde

El sapo Humberto estaba muy triste. No tenía ni ganas desaltar. Y es que le habían 
contado que las mariposas andaban diciendo que él era un sapo feúcho, feísimo y 
requetefeo. 

-Feúcho puede ser -dijo Humberto mirándose en el agua de la charca-, pero.... ¡tanto 
como requetefeo! Para mí que exageran. Tengo los ojos un poco saltones, eso sí. Y la 
piel algo gruesa.... ¡Pero tengo una bonita sonrisa!

Después de mirarse un rato, Humberto le comentó a una mosca: 
-Lo que a mí me faltan son colores, ¿no te parece? 
Soy verde, todo verde. ¡Si tuviera colores como las mariposas...!

Aunque la mosca no le hizo ningún comentario, el sapo se fue a comprar muchos 
colores al almacén de los bichos. Humberto se llevó el azul, el amarillo, el rojo, el rosa 
y el naranja. El verde no, porque ¿para qué va a querer el verde un sapo verde?

En cuanto llegó a la charca, sacó un pincel y empezó a pintarse: una pata, azul; la otra, naranja; una mancha amarilla en la cabeza; una estrellita roja en el lomo; y el buche, 
rosa. Cuando terminó, el sapo Humberto tenía más colores que cualquier mariposa.

Cuando las mariposas del jardín lo vieron, se acercaron a él.
-¡Feo! ¡Requetefeo! -dijo una de ellas tapándose los 
ojos con las patas.
-Y además de feo, mal vestido -dijo una mariposa muy elegante.

¡Pobre Humberto! ¡Y él que estaba tan contento! Tanta vergüenza sintió que se tiró a 
la charca para esconderse y se quedó un rato dentro viendo como el agua le borraba 
los colores.

Cuando salió todo verde, como siempre, todavía estaban las mariposas riéndose como 
locas.
 -¡Ver-de! ¡Sa-po ver-de!– gritaban.

Pero en ese momento, pasó por allí un ave muy hermosa: una calandria tan linda que 
las mariposas se callaron para verla bien. La calandria se acercó a la charca para 
beber un poco y peinarse las plumas con el pico. Allí vio a Humberto en la orilla, verde, tristón y solo. Entonces dijo en voz bien alta:
 -¡Qué sapo tan guapo! ¡Y qué bien le sienta el verde!

Humberto le dio las gracias con su sonrisa gigante, y las mariposas perdieron los 
colores de pura vergüenza. Y así se quedaron todo el verano, pálidas, sin color, casi transparentes. 

Cuento Sapo Verde 

Lengua Lectura y Vídeo El Rey Midas U 2 "La estatua viviente"

El Rey Midas
(no es exactamente el del libro pero sí parecido)

Había una vez un rey muy bueno que se llamaba Midas. Sólo que tenía un defecto: que quería tener para él todo el oro del mundo. Un día el rey midas le hizo un favor a un dios.

El dios le dijo:

-Lo que me pidas te concederé.

-Quiero que se convierta en oro todo lo que toque - dijo Midas.

-¡Qué deseo más tanto, Midas! Eso puede traerte problemas, Piénsalo, Midas, piénsalo.

-Eso es lo único que quiero.

-Así sea, pues - dijo el dios.

Y fueron convirtiéndose en oro los vestidos que llevaba Midas, una rama que tocó, las puertas de su casa. Hasta el perro que salió a saludarlo se convirtió en una estatua de oro.

Y Midas comenzó a preocuparse. Lo más grave fue que cuando quiso comer, todos los alimentos se volvieron de oro.

Entonces Midas no aguantó más. Salió corriendo espantado en busca de dios.

-Te lo dije, Midas - dijo el dios-, te lo dije, Pero ahora no puedo librarte del don que te di. Ve al río y métete al agua. Si al salir del río no eres libre, ya no tendrás remedio.

Midas corrió hasta el río y se hundió en sus aguas.

Así estuvo un buen rato. Luego salió con bastante miedo. Las ramas del árbol que tocó adrede, siguieron verdes y frescas. ¡Midas era libre!

Desde entonces el rey vivió en una choza que él mismo construyó en el bosque. Y ahí murió tranquilo como el campesino más humilde.