Mostrando entradas con la etiqueta Sapo Verde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sapo Verde. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de octubre de 2013

Lengua Lectura Sapo Verde U 1 "Así somos"





Sapo verde

El sapo Humberto estaba muy triste. No tenía ni ganas desaltar. Y es que le habían 
contado que las mariposas andaban diciendo que él era un sapo feúcho, feísimo y 
requetefeo. 

-Feúcho puede ser -dijo Humberto mirándose en el agua de la charca-, pero.... ¡tanto 
como requetefeo! Para mí que exageran. Tengo los ojos un poco saltones, eso sí. Y la 
piel algo gruesa.... ¡Pero tengo una bonita sonrisa!

Después de mirarse un rato, Humberto le comentó a una mosca: 
-Lo que a mí me faltan son colores, ¿no te parece? 
Soy verde, todo verde. ¡Si tuviera colores como las mariposas...!

Aunque la mosca no le hizo ningún comentario, el sapo se fue a comprar muchos 
colores al almacén de los bichos. Humberto se llevó el azul, el amarillo, el rojo, el rosa 
y el naranja. El verde no, porque ¿para qué va a querer el verde un sapo verde?

En cuanto llegó a la charca, sacó un pincel y empezó a pintarse: una pata, azul; la otra, naranja; una mancha amarilla en la cabeza; una estrellita roja en el lomo; y el buche, 
rosa. Cuando terminó, el sapo Humberto tenía más colores que cualquier mariposa.

Cuando las mariposas del jardín lo vieron, se acercaron a él.
-¡Feo! ¡Requetefeo! -dijo una de ellas tapándose los 
ojos con las patas.
-Y además de feo, mal vestido -dijo una mariposa muy elegante.

¡Pobre Humberto! ¡Y él que estaba tan contento! Tanta vergüenza sintió que se tiró a 
la charca para esconderse y se quedó un rato dentro viendo como el agua le borraba 
los colores.

Cuando salió todo verde, como siempre, todavía estaban las mariposas riéndose como 
locas.
 -¡Ver-de! ¡Sa-po ver-de!– gritaban.

Pero en ese momento, pasó por allí un ave muy hermosa: una calandria tan linda que 
las mariposas se callaron para verla bien. La calandria se acercó a la charca para 
beber un poco y peinarse las plumas con el pico. Allí vio a Humberto en la orilla, verde, tristón y solo. Entonces dijo en voz bien alta:
 -¡Qué sapo tan guapo! ¡Y qué bien le sienta el verde!

Humberto le dio las gracias con su sonrisa gigante, y las mariposas perdieron los 
colores de pura vergüenza. Y así se quedaron todo el verano, pálidas, sin color, casi transparentes. 

Cuento Sapo Verde